Cadete






martes, 2 de mayo de 2017

BAFICI y muerte



Terminó el BAFICI. Vi un puñado de grandes películas: 5 o 6, no es poco. Definitivamente el festival dejó de ser una fiesta del cine.

Fui al primer BAFICI, aquel de la retrospectiva en que amamos a Nanni. Ahí ya había entusiasmo. 

Descubrimos a Moretti, Tsai, Hou, Hong, Bela Tarr, Sokurov, Miike, Apichatpong, Raya, Rodrigues, Gomes, Costa, Guerin, Jia, Gianvitto, Bartas, Kelemen...

Hoy es una cinefilia burocrática.

¿Cuándo el BAFICI perdió el alma? Me acuerdo del cierre de 2010. Me crucé con Wolf, entonces director del festival. La película de apertura fue Secuestro y muerte, la de cierre Los condenados, de Isaki Lacuesta. Impresentables las dos. Le hablé a Wolf de mi decepción. Me dijo algo de que había que dejar de glorificar a los guerrilleros de los 70 (?). Esa respuesta me hizo pensar que el BAFICI estaba mutando hacia un lugar ajeno. 

(No fijo una fecha, cuento una percepción personal que recuerdo bien, me pregunto cuándo empezó a arruinarse todo).

Unas ediciones después Wolf presentó la programación junto a Lombardi, en el Planetario, en un escenario circular que ahora me remite a Durán Barba.

Inevitablemente la muerte del BAFICI está ligada a su macrización. Se fue imponiendo de a poco. La mudanza a Recoleta fue el remate. Panozzo lo hizo un territorio detestable con oasis cinéfilos.
Bafici fue fundamental para nuestra percepción del cine contemporáneo. Ahora vamos a ver películas. Y a esquivar presencias repulsivas.

Principios de siglo: el BAFICI era el momento que esperabas con palpitaciones en el pecho. Ahora es como la navidad en que te encontrás con parientes odiosos.

Este año vi Dawson City, Sieranevada, La muerte de Luis XIV, Certain Women, Mister Universo, The mole song... El año que viene, si voy, veré otras cuatro o cinco joyas. Y esquivaré a los caretas que cada vez son más.

1 comentario:

laurencio dijo...

Muy acertado texto sobre lo que es hoy el Bafici, o lo que viene siendo, creo que desde Wolf para acá es cada vez más el reflejo de la mediocre política cultural del gobierno de la ciudad.