viernes, 28 de noviembre de 2014

Nicolás Prividera: El país del cine



Dice Nicolás Prividera:

"En cierto modo, Godard fue el único que siguió pensando el cine como sujeto de la Historia, por eso es, de algún modo, el último cineasta moderno. Y no en vano el NCA [Nuevo Cine Argentino] se identifica más con Rohmer, quien claramente "olvidó la política en favor de los autores", según el dictum de Godard sobre el devenir de sus viejos compañeros de armas.

"Esa fue en parte la principal debilidad de muchos cineastas del NCA: no pensarse conscientemente como autores de una política -lo que equivaldría a pensarse como sujeto colectivo-, por una imposibilidad histórica o generacional. Y es en ese factor determinante en lo que quisiera detenerme (por lo que renuncio explícitamente a hablar de los films o nombres de la generación cercana), sabiendo que hay excepcionalidades en todo sentido, pero eligiendo concentrarme más bien en las confluencias y pensarlos, precisamente, como colectivo. No se trata de renunciar al análisis individual -en el que suele detenerse la crítica- sino de intentar algo menos frecuente: un análisis general -en base a ciertas inducciones y condensaciones- del NCA como manifestación social (basada en su nada paradójica imposibilidad de manifestarse explícitamente como sujeto político, lo que no significa que no haya asumido lateralmente ese rol de modo negativo)." (El país del cine. Para una historia política del nuevo cine argentino, Los Ríos, 2014, págs. 46-47).

Y unas páginas más adelante:

"Lo único que deberíamos cuestionar en vez de entronizar, son las obras que rehúyen al conflicto (que no se atreven a poner en duda la visión plácida y naturalizada del mundo) y alentar las que logren expresar de un modo crítico (que incluya, por supuesto, la crítica de su propio punto de vista) la apertura hacia lo real. Un arte que haga foco en los viejos dilemas aún vigentes o irresueltos, cuya contradicción se abra al movimiento siempre dialéctico de la Historia. Un arte que no se conforme con un estilizado sistema de citas que oculta, bajo su aparente modernidad, su condición posmoderna. Un arte que no reduzca lo político a lo familiar, es decir, a lo íntimo o lo conocido. Un arte que no pueda sobrevivir en dictadura (ni en dictablandas ni en democraduras). Pues el ideal de todo arte -sea cual sea la estética particular que adopte- debería alcanzar una forma que cualquier enemigo de la libertad no pueda desarmar, reutilizar y resignificar en contra de esa libertad. Para eso, hay que proponerse salir de un esteticismo que condesciende la autocelebración y la autocomplacencia, y desear una forma que se haga cargo de la manifiesta violencia del mundo (social, histórico y político)". (Idem, pág 55)

Son apenas dos pasajes extraídos de un libro de intensas 400 páginas. Sería temerario decir que en estos renglones se condensan las tesis más fuertes del libro; pero tampoco puedo negar que estos párrafos trasmiten bien el tono general del texto. Es cierto: en la cita que hacemos Prividera renuncia "explícitamente a hablar de los films o nombres de la generación cercana" y eso solo vale para este pasaje, porque el libro abunda en referencias explícitas a films, nombres, críticos, revistas, blogs, ensayos, declaraciones periodísticas, relaciones evidentes y otras secretas, en una medida torrencial. También es cierto que las exigencias que en las líneas citadas Prividera expresa en su versión más tajante aparecen en otras páginas un poco más matizadas.

El país del cine es uno de los grandes acontecimientos editoriales del año. Un libro con el que dan ganas de pelearse tres veces por página y a la vez obliga a seguir leyéndolo. Puede ser el complemento necesario de la filmografía de Prividera. Es casi inevitable vincular estos "partes de guerra" con las citas que se leen en el cementerio de Recoleta, en su película Tierra de los padres, con la ventaja -y el riesgo- de que los nombres que aparecen discutiendo en el libro están todos vivos.

Yo lo estoy leyendo. Para comentar cada idea discutible que encuentro tendría que escribir por lo menos otras 400 páginas. O tednría que dedicar este blog a ese solo fin. Un modo posible de abordar la discusión de manera acotada es hacer una análisis de la forma discursiva que en estos pasajes se manifiesta: sus modos verbales, los sujetos gramaticales, sus procedimientos argumentales y su método de ejemplificación. Más adelante trataré de ir comentándolos. Algo dije ya en el último programa de La otra.-radio (que puede escucharse acá). 

Por ahora solo quiero recomendar su lectura, no solo a los que se interesen por el cine en general y el cine argentino en particular, sino también para tomar el libro como un emergente de las tensiones políticas y culturales de estos años.

El jueves próximo, 4/12, El país del cine se presenta en la Ciudad de Córdoba, con la presencia del autor y también del director de la colección, Roger Koza (colección en la que hace poco se publicó también Abbas Kiarostami, de Jonathan Rosenbaum y Saeed-Vafa). Se presentará en el Cine Club Municipal Hugo del Carril, Bv. San Juan 49 a las 20:30 horas.

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