martes, 28 de agosto de 2012

Pelo


por Rodrigo Martínez *

Hasta aquí sólo ronroneo. Esta bien, son las reglas, si en realidad nunca nos gustamos... Pero ahora estamos juntos en esto y debemos aceptar lo que nos toque. Más tarde un salto súbito, un estiramiento, un roce. La noche se presenta extraña... dándome lo que no hay, pidiéndome lo que no tengo. Los pasos de mi amada fenecida aún resuenan en su casa, y hasta su despertador sonó. Apelo a la luz que aún retengo y tomo uno de sus libros. Me pongo sus pantuflas, me siento en su sillón. Página tras página me sumerjo en una realidad que quiero. Mientras tanto, la pesada gota vuelve a caer con todo su esplendor una vez más en la bañera y resuena más que nunca en el silencio de una casa ya vacía, hueca… Repite esta vez en forma de pregunta su sentencia extrema: ¿y ahora qué? Su gato se sube a mis piernas, busca asilo, se acurruca. Sus ojos, fijos en el fuego que aún arde, se entrecierran. Le acaricio el dorso con cautela por primera vez. A ambos se nos eriza la piel.

* Taller Luna Roja

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