lunes, 24 de mayo de 2010

Tempo



por Daniel Cholakian

Como parte de un complejo de obras sobre lo concreto y lo abstracto, sobre realidades diversas, asibles y no tanto, Marcelo Katz presenta Tempo. Continuando de algún modo lo propuesto en Aguas y aire, donde un elemento se convierte en el centro de la observación y el juego, Tempo es una obra que aborda de modos diversos aquella dimensión dominada por Cronos.

El tiempo es el reloj, el ritmo, los recuerdos, los olores y los sonidos pasados, el presente inasible, la muerte y el amor. Con cinco actores en escena permanentemente, el grupo construye, al igual que en las otras obras mencionadas, pequeñas situaciones dramáticas, poniendo en escena diversos modos de existencia de la dimensión temporal en la vida.

La obra, aun construída con pequeños cuadros, en ningún momento parece un conjunto desarticulado de situaciones más o menos graciosas (o francamente desopilantes), sino un fino trabajo de hilado de una trama temporal, que encierra situaciones sobre el tiempo. Como si la vida y la obra, construcciones que se sostienen a lo largo del tiempo, circularan en este mismo encadenamiento explícitamente temporal. En este sentido, un falso final desnuda y desarticula este constructo.

A diferencia de las anteriores obras, en Tempo el dispositivo escénico no se centra en la presencia de los objetos mecánicos, como tampoco al no organizarse alrededor de un elemento con una impronta material, como el agua y el aire, carece de esa presencia visual. Aquí están presentes, casi como decorado, algún artefacto lateral, un piano, pequeños relojes, pelotitas, y un péndulo gigante que desde el fondo del escenario recuerda siempre la condición de lo temporal. La escena se conforma con los cuerpos y su desplazamiento.

En esta hasta ahora trilogía, la coincidencia en la tematización de un elemento fundamental de la vida, abre lugar a la diferenciación de la puesta de escena y el estilo. Aun reivindicando el origen circense del grupo y del trabajo teatral de Katz, Aguas podría considerarse deudora del slapstick cinematográfico, mientras Aire tenía un vuelo poético aportado por el trabajo de los cuerpos en el espacio (aprovechando al máximo la apertura del escenario al aire libre en el C.C.Recoleta). Tempo recupera la tradición del clown circense. Desde esta definición de estilo, la obra se presenta como espectáculo francamente cómico, con los pertinentes toques melodramáticos, propios de este registro.

Más allá de la inteligencia de la mirada temática, de las deliciosas actuaciones, de lo preciso de la construcción musical y espacial, de la conceptualización del ritmo, Tempo es, por sobre todas las cosas, profundamente divertida, agradable, bella y disfrutable. Los que hemos visto las tres obras, ya esperamos por la que complete la tetralogía: Tierra. Ojalá ese proyecto, que Katz tiene previsto desde hace un tiempo, pueda concretarse.

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