jueves, 20 de mayo de 2010

Rompecabezas



por Martha Silva

Primerísimo primer plano en el que María prepara una abundante y complicada cena para festejar su cumpleaños número 50, para sus tres hijos y su marido (Gabriel Goity). Los hijos comentan vivamente su próxima partida del hogar y hay un cambio de opiniones al respecto.

Esta escena primera nos está relatando que los hijos se encuentran a punto de levantar vuelo. Quizás no tenga que trabajar tanto en lo sucesivo -podría opinar María si tuviera el hábito de opinar- y tal vez éste podría ser el momento para buscarse un entretenimiento para su futuro tiempo libre.

Entre los regalos que recibió, hay un rompecabezas que es el que llama de inmediato su atención. Lo resuelve rápidamente, con una destreza que ignoraba poseer. De ahí en más va adquiriendo la costumbre de comprar esos juegos en el supermercado, que tiene cada vez más cantidad de piezas, a medida que se va perfeccionando. Esto la convierte paulatinamente en una verdadera especialista en la materia.

A la vez es un juego para disfrutar ella sola. Es más: es la única actividad para su exclusivo esparcimiento, y su dedicación a él no deja de suscitar la crítica asombrada de la familia.

De ahí a pensar que es la única ocupación que la torna independiente, que es la primera vez que ella no es parte indisoluble de un todo, hay un solo paso. Se trata de un fenómeno que le causa extrañeza a ella misma, y se va convirtiendo de mero entretenimiento en verdadera pasión. Y pasa de ser una simple aficionada a una experta.

Su esposo decide optar por ser permisivo, aunque nota con preocupación que María empieza a olvidar con frecuencia las tareas del hogar.

Ella termina comprando una revista especializada donde encuentra la dirección de alguien –un hombre, Arturo Goetz- que se está preparando para una competencia y busca pareja para este evento. El premio es un viaje al exterior. En lo sucesivo ya no dirá toda la verdad a su familia.

Rompecabezas no propone indicaciones al espectador, ni propósito vindicativo o viraje hacia el feminismo. Se abre al libre juego de la interpretación.

La protagonista María Onetto, extraordinaria actriz teatral, lo es asimismo en el cine, donde cuenta con varias actuaciones descollantes, entre ellas en La mujer sin cabeza. Por otra parte, si bien la directora Natalia Smirnoff con esta película está presentando su ópera prima, ya cuenta con una larga labor como directora de casting y asistente de dirección, en La niña santa, La ciénaga, El otro y Cama adentro, entre otras realizaciones de verdadero mérito.

1 comentario:

Martha dijo...

si la mía no les convence , el lector puede fijarse en la crítica de Chinaski, aquí al lado y si no, la de Carolina Giudici que está re buena.lILIANA PIÑEIRO ¡Volvé!
Martha