miércoles, 9 de diciembre de 2009

Era año día mes minuto


por oac

La anterior entrada que en este blog había concitado más de 100 comentarios fue, casualmente, una sobre Spinetta, sus declaraciones sobre la inseguridad y el problema de cómo se conciliaban (si es que era posible conciliarlas) con la poética-ética-política de sus canciones. En ambos casos, la proliferación de intervenciones tienen que ver con la complejidad de un artista popular que es una auténtica anomalía, alguien cuya obra (no cuya vida privada ni cuya militancia política ni cuyas declaraciones periodísticas sino cuyas canciones) genera un efecto de irregularidad, de desacople y giro que eran imprevisibles a partir de las condiciones iniciales: la suma de las C. I. (políticas, culturales, sociológicas, musicales, consuetudinarias) no da nunca como resultado una secuencia de canciones como Barro tal vez, Figuración, Para ir, Dulce tres nocturno, Cristálida, Superstición, Suspensión, Encadenado al ánima.

Tarea apasionante para alguien que ame la música (especie de personas que en este debate no ha abundado, salvo algunas intervenciones iniciales de Tiago, Luis y algún otro que me olvido, se ha preferido enarbolar la idea de que, en la música, la música no importa o importa poco: se ha preferido decir que lo importante es el rito comunal o las clases desocupadas o el aburrimiento juvenil o las condiciones de producción de la industria cultural o las declaraciones periodísticas sobre la inseguridad o el peinado o el mito del artista romántico o la construcción colectiva o los viajes al primer mundo o el canon establecido a partir de los 80 o el gesto pop o los blogs influyentes: es decir: se ha apelado a lugares comunes muy extendidos acerca del
deber ser, una normativa juvenilista, publicitaria y de consumo instantáteo que hoy goza de un consenso amplio. Se ha consagrado la regla y se ha tratado de ridiculizar la excepción (la cultura es la regla, el arte es la excepción, dijo otro viejo de mierda). La idea es que la música popular no debe intentar ciertos caminos, que debe ceñirse a un formato: lo popular, que tiene prescripciones claras: brevedad, repetición, emoción primaria, irreflexión, afasia, ritmo constante, diversión, amabilidad, facilidad, reproductibilidad, emulación. La música popular no debe ser otra cosa, se ha dicho: hay que revolcarse en el suelo, hay que ser básico, hay que estar excitado, hay que desarrollar formatos que complazcan lo que el público espera, no hay que descolocar, no hay que desconcertar, todo se debe poder resumir en dos o tres premisas sencillas, en dos o tres tonos, una canción no puede tener en su verso final un adverbio que resignifique lo anterior y ante lo cual haya detenerse a pensar -José Miccio y su análisis de Resumen Porteño-, eso es pensar y pensar es... ¡aburrido! Esas son veleidades, dejalo para el Colón, es una dormidera, Spinetta no mueve a nadie, hay que ser afásico, hay que revolcarse, todos deben pensar que ellos mismos compusieron la canción, la estructura de la canción debe estar expuesta completamente en el primer minuto y medio, después repetir eso, lo cual da = tres minutos. La secuencia de los acordes debe ser bien simple: el oyente tiene que estar esperando el acorde siguiente y debe ser ese y ningún otro: aunque el oyente no sepa nada de acordes, sus oídos, perro de Pavlov mediante, saben qué acorde viene detrás de otro; todo el mundo sabe cuando escucha el primer minuto de la canción cuál va a ser el acorde final), tarea apasionante para alguien que ame la música (eso decía yo antes de un largo paréntesis y ahora lo repito porque quién se va a acordar), tarea apasionante para alguien que ame la música: seguir el hilo que va de una canción a otra (Barro tal vez, Figuración, Para ir, Dulce tres nocturno, Cristálida, Superstición, Suspensión, Encadenado al ánima: es la cronología en que han sido compuestas), pero además: tratando de captar la lógica interna de cada canción, su planteo inicial y el momento en que la propia canción lo quiebra. Porque eso es lo que la música tiene de específico (pero claro, la música no es solo música, tambien están las condiciones y los blogs influyentes), ahí está el rango de posibilidades de una canción, de una canción popular también, por qué no.

¿Por qué no? Porque ha triunfado una revolución conservadora que dice que explorar ese rango de posibilidades no es algo que la música popular tenga derecho a hacer. Hay que salir del agujero interior. Nunca más agujero interior. Tu tiempo es hoy muchacha y hoy la radio te prescribe microdancing.

Acá hemos leído ((en una apelación al principio de autoridad que nos remite a la escolástica medieval (así como también se apeló a la relevancia del canon sostenido por los,
cof cof, blogs influyentes))) el Dictum de uno de los ideólogos de la restauración conservadora, Roberto Jacoby, acerca de cómo debe ser y cómo debe no ser la canción popular. La intervención de Jacoby en la canción popular se vuelve densa en la etapa Virus: allí formula, sarcasmo mediante, lo que la música popular abandonará a partir de Virus, lo que será ridiculizado por que no es divertido, porque requiere una escucha compleja, porque los oyentes tienen que creer que ellos también compusieron la canción. Es interesante analizar la carrera completa de Jacoby y su rol en la "vanguardia" actual, las sociedades experimentales, Belleza y Felicidad... Jacoby en el reportaje citado expone el deber ser de la música popular: y dice Eminem, no dice, por ejemplo, Strawberry Fields Forever, no dice por ejemplo Sad Eyed Lady of the Lowlands, no dice Lizard, no dice por ejemplo Are you experienced?, no dice por ejemplo The Hangman's Beautiful Daughter; no dice Smiley smile, esas deformidades . Y, claro, no dice Porque hoy nací, ni dice La princesa dorada, ni Aguila de Trueno, ni (abominación!) Cantata de los puentes amarillos. Magister dixit: el techo al que puede aspirar la música popular, el modelo es Eminem. Y Eminem está bien, pero además Eminem forma parte del universo MTV y Eminem se puede bailar: Eminem es también multitarget. Por supuesto que con esas premisas estéticas se pueden hacer obras grandiosas. Pero en el Dictum de la autoridad en materia de canción contemporánea ese es el lugar de reclusión última de la canción popular: el que no se ponga a Eminem como horizonte de expectativa es conservador, porque no ser conservador es aceptar el presente: el que no acepta a Eminem que se vaya al Colón, que se ponga un pullover peludito. Los chicos jóvenes están excitaditos y, si no les damos algo fácil al oído, se inquietan o directamente se quedan dormidos. Lo curioso es que en la época en que se compuso Encadenado al ánima había música que respondía al patrón Jacoby, siempre la hubo. Pero ocupaba el lugar de la retaguardia. La yevolución productiva lo hizo posible: la yetaguardia es hoy vanguardia. El emblema de la modernidad es intervenir en lo ya oído y remixarlo. Los diez discos de la década. Ese es el pensamiento de la corriente principal y hoy la corriente principal se erige como agresiva innovación técnica y conformismo terminal. La cuestión de la técnica.

Lo que desde hace unos años viene llamando mi atención no es que exista una escuela musical que cultive estas premisas (siempre la hubo), sino que alguien pueda llegar a creer que ellas son requisitos del riesgo artístico, que son un
non plus ultra: se llama arriesgado (desde los blogs influyentes y también desde la prensa mainstream) a lo que puede ser consumido en formato ringtone, a lo que no desentona en la banda de sonido de la tanda publicitaria, a las escuchas que permiten un tránsito fácil, tránsito urbano y tránsito digestivo: eso es lo "nuevo" y lo que no encaja ahora es conservador. En el debate de esta semana se ha usado la palabra "conservador" como objeción dirigida contra lo que se sustrae a la estandarización de la escucha, a la duración de la experiencia, a la condición prefijada de la experiencia. Impugnar el paradigma imperante es ser conservador. Ya no es "todo tiempo pasado fue mejor" ni "mañana es mejor": ahora es "ahora es mejor". Callate, no hablés de lo que no sabés, enterate, viajá al exterior, influite en los blogs influyentes. Influenza.

Curioso: a los que les gusta hacer relaciones contextuales noten la analogía con los argumentos del neoliberalismo, la inversión del sentido de las palabras "revolución" y "conservación", el triunfo irrestricto de los criterios de momentaneidad, de suceso, de masividad, de entretenimiento, de simplicidad, de eficacia. Es la mano invisible del mercado la que ha impuesto el modelo del joven juvenil, es el joven juvenil el que quiere lo que la época le da, ahora es mejor y la negatividad es conservadora. Estar fuera de lugar es conservador, estar en el molde es estar donde hay que estar ahora.



Curioso: el maestro al que se cita como argumento de autoridad, Belleza y Felicidad, dice: "
Es que yo soy un negado para la música, ese es el problema. No puedo imaginármela a la música". No puede.

En 115 comments ha abundado precisamente eso: "cuervo, tenés que viajar un poco más", "los blogs más inlfuyentes", "Spinetta es una dormidera", "las condiciones de producción", "lo popular es afásico", "el mito del artista es conservador", "resignate, ya pasó". La juvenilidad punzante nace en 1977, ahí empieza la movida, lo anterior era inmóvil, un mal sueño. Esta es la historia escrita por los que ganaron: en Argentina el rock en vivo no existía hasta Virus, el que cantó la posta es Luca Prodan, que era, claro, un tipo viajado; él trajo los discos y nos enseñó a decir
Ma-ni-cu-red-noi-se, a ver: ¡repitan! Ma-ni-cu-red-noi-se. Tanguito no era un tipo viajado, Moris no era viajado, Aquelarre no eran viajados (hasta que se tuvieron que exiliar por la dictadura), no estaban enterados de lo que se oía en el Top of the World. Informate, cuervi, viajá al exterior.

Al rock argentino le faltaba viajar al exterior, era periférico, le faltaba banda ancha. Por eso existió Invisible, por periféricos. Con banda ancha otra habría sido la historia, con convertibilidad Spinetta, Pomo y Machi habrían adoptado la modernidad de la Velvet o de los NY Dolls. ¡Perdimos tantos años sin viajar! Por suerte después pudimos viajar. Y ahora tenemos internet y nos enteramos de lo que pasa en el Top of the World sin salir del ciber. Ahora descargamos los discos antes de que salgan. Estamos más al tanto que la puta que los parió, leemos los blogs influyentes. Pobre Javier Martínez: no leía los blogs influyentes, por eso hacía esas canciones; pobre Tanguito, no llegó a conocer a Eminem, lo que se perdió, ni siquiera se enteró de la existencia de Ian Curtis, un tipo a todas luces muy superior a él. Pobre Tango, si hubiera viajado quizá no hacía El hombre restante.

Si hay algo notable en los 115 comments es que nadie se metió con la canción
Encadenado al ánima: nadie dijo nada (con excepción de Tiago y algún otro que me olvido). La estructura musical del tema no mereció la menor consideración. La aparición de los riffs y su cese, el enrarecimiento de las secuencias y la proliferación malsana, los quiebres, las resoluciones descolocadas, la tensión armónica, la imprevisibilidad, el melodismo y su dislocación, el contrapunto de las cuatro voces (bajo, quitarra, batería y canto), los dibujos irregulares que se forman en el choque de los arpegios de la guitarra, la melodía del bajo, las síncopas de la batería, los ritmos dentro del ritmo, las diversas posibilidades de bailar (porque en Invisible hay varios bailes superpuestos, pero claro, para eso hay que escuchar y no tenemos tiempo, estamos leyendo los blogs).

No se habló de la canción. El paradigma dominante -el más conformista de que se tenga memoria, basado en la aceleración de los ciclos de consumo que reciclan perpetuamente lo mismo, el frenesí del movimiento falso, como los que corren en una cinta para no desplazarse y están desde hace treinta años en el mismo lugar- exime de pensar una canción como Encadenado al ánima: ¿pensar? la música popular no piensa, sólo baila sobre un patrón maquínico, dice el Magister. En esta extraña inversión de roles, Encadenado al ánima pasó a ser música conservadora y los tres acordes se erigieron en modelo del riesgo, en vanguardia. Hoy ser conformista es ser vanguardista. Invisible era cuando grabó ese tema una banda popular: no aparecía en tv y se pasaba en muy pocas radios, pero llenó varios Luna Parks. El viernes pasado llenó Velez. Pero los tipos que tocan esa música que aún no ha sido pensada son... ¡viejos! Tienen 60 años, son ancianos y todo el mundo sabe que para ser nuevo hay que ser joven. Esas canciones que aún no fueron suficientemente escuchadas se compusieron hace 35 años, toda una eternidad para la avidez de novedades que nos oprime.



Nunca estuve aquí querida
nunca estuve aquí ni nunca estaré
no me canso no querida
nunca tuve sueño nunca estaré
ah! qué duende no es tu puerta?
Nunca estuve aquí lo siento por mí
halo de la hierba verde
dale que tu canto pasa por mí?
por mí
por mí
oh yeah.

Cuiden de la nube-viento
la querida sol querida saldrá
nunca me abandones nena
sola sin el sol ceguera tendrás
cuiden a su perro blanco
trepa por su cama en la oscuridad
Nunca estuve allí querida
trepo por los sueños que están de más
de más
de más
oh yeah.

Antes del tiempo
era todo azul
leve de suspensión
Al no haber gente
no había bien ni mal
no existía esperar

Antes del fruto
la noticia corrió
luego del día
el dragón vomitó
el fuego
el fuego.

Era año día mes minuto
Era año día mes minuto

Antes del cuerpo un narcótico
explotó con los Dioses
y con los hombres el demonio entró
escapando de Dios
presa del miedo
el reloj se apuró
hojas del árbol
cayendo en suspensión.

17 comentarios:

Gabriel Medina dijo...

Parece que hay que mudarse acá para seguirla...
Calculo que si nadie dijo nada de la canción es por que esta es inobjetable. Nadie esta descalificando la fecundidad creadora del Flaco. Ahora, sin ánimos de encarajinar el debate, toda vez que aludís a lo popular te paras en la dicotomía popular/académico, cuando en realidad tomas por popular a la cultura de masas. Que dicho sea de paso, interpela por erigirse en matrices narrativas preexistentes en la cultura popular, pero licuando sus elementos indigeribles. Esos de pies contoneándoles y escenas de picapiedras, que hacen del discurso de referencia apenas un motivo aglutinador para una experiencia estética que trasciende la inocua contemplación del florero en el living para convertirse en algo que nos corta la digestión.
Este ultimo efecto también se busca e imposta en las vanguardias. Últimos movimientos que pretendieron disolver la separación entre arte y vida. No se trata de jusgar desde los que saben escribir, sino de ponerse en el lugar de los que solo saben leer. Reponiendo a Barbero, para nosotros, clases medias, una película es un TEXTO, una configuración simbólica de la que podemos extraer ritmo, planos, montaje, fotografía, etc, etc (Lo que vos describís taxativamente de esta canción)
Para quienes solo saben leer, una película es siempre un relato, una historia que articula la experiencia biografica con los arquetipos.
Eso que nosotros leemos en producción como un estereotipo, es en recepción un arquetipo en el que referenciarse.
El punk echo manos de alguno de estos elementos en una rara simbiosis entre populismo radical y vanguardia disruptiva. Creo que fue mas bien lo segundo dado su carácter impugnador antes que celebratorio, pero a diferencia de las vanguardias pudo circular como un consumo de masas. En mi opinión repuso cierto vitalismo, pero que como bien vos señalas ya estaba implícito en buena parte de la experimentación psicodélica. Solo que al momento de su eclosión Robert Fripp hablaba de escucha actiba como rasgo de definición de lo humano, mientras que el disfrute era solo para los robots… o con "Heaven and Hell" de Vangelis uno podía entender perfectamente a lo que apuntaban los sinfónicos pero se le llenaba el culo de preguntar respecto a su carácter de rock.

Oscar Cuervo dijo...

" toda vez que aludís a lo popular te paras en la dicotomía popular/académico, cuando en realidad tomas por popular a la cultura de masas"
Incorrecto, Gabriel, una de las primeras cosas que dije es que Invisible es música popular y nunca se me ocurriría caer en semejante dicotomía. Al contrario, lo inserté en una corriente que incluía a Atahualpa y Gardel, ¿académico?

A la inversa, muchas de las respuestas que tomaron el partido de la "revolución punk" aludieron a la música de Invisible como académica, virtuosa. Jacoby pone a Eminem como "cultura sin becas" y alude despectivamente a una cancionística que aspire al gran arte. Forma parte del modelo imperante, aunque Jacoby siempre vivió de las becas. Pero obvio, Eminem qué va a necesitar becas si es mainstream? Los beatles eran mainstream y no necesitaban becas, pero los Beatles no oponían cultura de masas a gran arte. Esa es una de las perversidades de la restauración neoconservadora de la cual Jacoby es vocero. Hoy tenés a estos marmotas que downloadean su experiencia y que repiten que el rock no era ritual hasta Virus: por supuesto, ni deben haber ido a ver a Virus y mucho menos a Invisible (no tienen la culpa, es una cuestión cronológica) pero lo leyeron en las fotocopias y en los blogs influyentes.
Yo creo que no hablaron de la canción porque se cuidaron muy bien de esquivar la pregunta central de mi post anterior, que es qué canon triunfó desde el 77 y se convirtió en la cultura oficial, que decidió que lo anterior era "virtuoso" sin haber escuchado al menos una vez con atención Encadenado al ánima o Selling England by a pound, porque les resultó más fácil adoptar la consigna de que la revolución punk depuso al ancien regime virtuoso. Y trata de escamotearnos la percepción diciendo que el autor de Encadenado al ánima ya no existe y que escucharlo es volver al pasado. Pasolini hablaba del carácter burgués de la brecha generacional cuando se repite como un gesto mecánico. La idea de juventud es parte del dispositivo de obsolescencia neocapitalista, se reivindica una pertenencia abstracta a una generación para la cual es indefectible oponerse al padre, aunque su padre sea Pasolini o Hendrix. Esto lleva a dictámenes ridículos como que una música es vieja según la edad del que la hace y es joven si la hace un joven, aunque se trate del joven más obediente del sistema, el empleado del mes. La idea de ruptura generacional ha sufrido una mostruosa adulteración desde los 60 hasta hoy: hoy sirve para vender. Uno de los que participó en el debate cree que se pueden producir revoluciones permanentes aunque sus efectos sean imperceptibles o se limiten a la aceleración de la información sin criterio. Varios trataron de poner nombres sobre la mesa. A prácticamente nadie le interesó pensar esta canción como objeto anomalo de la música popular, donde lo anómalo no quita lo popular. Y no se les ocurrió porque hoy se confunde anómalo con virtuoso y se confunde innovador con novedoso.
Vos mismo, si no te entendí mal, identificás la escucha reflexiva con contemplar el florero y fetichizás el movimiento físico como indicio de vitalidad. Esa apología de la corporalidad no faltaba tampoco en la estética nazi, así que habría que sacarle punta al lápiz para pensar qué cuerpo es el que se está moviendo. Pero para eso hay que pensar y no repetir nombres del canon dominante.

Oscar Cuervo dijo...

La dicotomía entre escucha activa y disfrute es parte de ese discurso dominante: escuchar es disfrutar y sólo alguien que tiene una idea muy restringida de la experiencia musical puede plantearlas como alternativas excluyentes. El cine mainstream de hoy es un buen ejemplo: el espectador es sacudido por el sonido de bajas frecuencias y se postula que sentir es ser presa de un experimento tecnológico. Pero hay otra vibración donde el cuerpo piensa y no simplemente es sometido a bajas freecuencias. El rito primal a la altura del punk es una restauración de la modernidad tardía de lo que se supone que habría sido la experiencia tribal. Pero ahora depende de técnicas: diseño de indumentaria, estilistas de peluquería, sound design, diseño gráfico, estrategias de marketing, diseño de una subjetividad generacional que acelera los ciclos vitales de los géneros artísticos al ritmo del consumo, dieño de los mecansimos de difusión, construcción del consumidor ideal, mercadotecnia. Esa es la máquina montada. Y aún así, hasta en ese contexto milagrosamente aparece la excepción. Los beatles mismos fueron acompañados por la mercadotecnia, pero estaban además Harrison, Star, Mccartney, Lennon y George Martin; que no es lo mismo que las ingenierías que hoy desembocan en la sensación de que un punk algo más disciplinado que el original, con una base hiphopeada y samplers de Stevie Wonder y dosis homeopáticas de bossa nova es la más grande innovación jamás pensada.

Gabriel Medina dijo...

Por contemplación del florero me refería a esa estética que no debe perturbar a nadie, que se limita a la estatización inocua del ambiente... Que los nazis hallan echado mano del vitalismo corporal no hace mas que ratificar el carácter interpelado de gramática y un modo de conocer el mundo absolutamente reprimido por el orden moderno, que necesito animalizar y degradar esa experiencia para instaurar el orden de los que piensan. "El fascismo estético la política, nosotros debemos responder politizando la estética" decía Benjamin.
Con lo de popular/académico seguimos hablando en diferentes lenguas. Primero por que prácticamente todo lo que nos llega esta mediado por el mercado, por ende es apenas la captura de lo popular (en el mejor de los casos) que la cultura de masas se permite. Por supuesto que hay discursos en los que asoman las aristas conflictivas de lo popular con alguna nitidez. No es el caso de Gardel, la cosa mas mainstream que recuerde, sinque esto valla en detrimento de la calidad del producto, adonde lo popular esta en recepción antes que en producción. Tampoco en Piazzola que buena parte de su vida se la paso como artista de vanguardia...
Por lo demás comparto la critica al juvellinismo, pero creo que el punto sigue estando en que vos no podes dejar de aludir al discurso de referencia, al panteón de ilustres, mientras lo que yo trato de decir es que hay un “modo otro” de experiencia estética en donde el punk, durante su cuarto de hora, tubo un clivaje interesante.
Nada más.

nacho dijo...

Oscar, esto no tiene fin. Esta claro que hay un sustrato que no compartimos. No hagamos de esto algo maniqueista, porque creo que todos valoramos la hisotira entera de la musica y la cultura popular y tal vez cada uno radicaliza un aparte. Yo sinceramente oppino que estas equivocado, vos claramante crees que la 'industria cultural' es intrinsecamante mala:

'Pero ahora depende de técnicas: diseño de indumentaria, estilistas de peluquería, sound design, diseño gráfico, estrategias de marketing, diseño de una subjetividad generacional que acelera los ciclos vitales de los géneros artísticos al ritmo del consumo, dieño de los mecansimos de difusión, construcción del consumidor ideal, mercadotecnia'.

Tal vez en eso pueda resumirse toda esta discusión, ya sin forma y llena de repeticiones.

Yo, a diferencia de vos, no me opongo a la cultura comercial, no me molesta usar zapatillas nike, no tengo problemas pequeñoburgueses con eso. En todo caso el problema es lo que las personas hacen con lo 'cmoercial', no la alienación. Yo no creo en la 'alienación', me parece una categoria elitista. En fin, espero puedas entender que no todos piensan como vos y no por eso son unos fascistas, neo-conservadores.

Un abrazo

marcia dijo...

¿jacoby la restauración neo-conservadora? ¿Que chiste es ese Oscar? No exageres.

Podes no compartir opiniones sobre la cultura, el arte, la vida, lo que fuere, pero acusar a Jacoby de neo-conservador!! Justo a Jacoby, me decis Tellerman, ok, firmo. Pero Roberto Jacoby el ideologo del neo-conservadurismo cultural. Vuelve a pasar lo mismo que con el paounk.

Es una operación muy facil colocar todo lo que se opone a tu forma de pensar como 'conservador'. Se deduce que vos vendrías a ser el revolucionario por contraste.

Con tu idea del arte te estas pareciedno a Hugo Quiroga, esa figura menor que hacia un programa 'cultural' sobre 'arte' y 'literatura' por canal siete.

marcia dijo...

(lo de Hugo Quiroga era un chiste, tomatelo asi, je)

Torito dijo...

Lo que pasa es que vos no tenés aguante, Oscar. Hablás al pedo. Sabés lo que sos, UN ROCKERITO DEL CENTRO. No tenés cerveza en la esquina, no tenés suburbio. No tenés razzia, no sabés lo que es dormir una noche en un calabozo.Falta droga, falta concha, a pesar del ultimo post.Falta faso mangueado, olor a segundo tiempo, piña, rock and roll. Seguí escuchando tus mariconadas de Spinetta y Charly, que vas bien.

nacho dijo...

genial osar, primero te critican por poco viajado y ahora por no conocer el conurbano.

groso

lucas dijo...

Oscar:

explicame esto de que Spinetta (x ejemplo) 'requiere una escucha compleja' ...

¿que diablos es una 'escucha compleja'? Se escucha y punto.

Yo no quiero volver sobre lo mismo pero: ¿el tambor de los 'bongo, bongo' africanos, es una interpretacion simple, que no requiere una escucha compleja? No me vengas con antropologia barata, porque loque vale para los bongo, bongo vale para el punk o la cumbia villera.

Gabriel Medina dijo...

No, lo que vale para una cosa no vale para la otra. Pero esto en términos descriptivos e interpretativos. Es decir, guardan logicas distintas.
Lo que si vale para un lado o para el otro es que existen y funcionan cada uno a su modo mas allá de nuestras preferencias.
De hecho la cuestion tiene mas variantes poara introducir. Hasta aqui lo conservador parece oponerse a algo que se considera ¿progresista?. Se politiza el debate con posicionamientos valoratibos conforme a las anteriores caracterizaciones... etc, etc
En esos terminos podrimnos introducir tambien las dicotomias dominado/dominante, Tradicion/vanguardia, hegemonico/subalterno y asi...
Letrado/iletrado en los terminos que plantie antes con el ejemplo que da barbero del cine, me parece que brinda elementos que tienen realmente que ver con las posibilidades de participacion en el fenomeno estetico.
Yo no niego que Spinetta no requiera una escucha compleja. De ahí que no lo considero un artista popular, sin que esto sea peyorativo ni elitista. El Flaco es sencillamente una rara avis de la cultura de masas que (como Morrison) puede contrabandear elementos de la cultura popular, y otros de su formación de poeta letrado...
Se inscribe en ciertos modos del arte que podríamos llamar burgueses, sin que sea un agravio, por estar en sintonía con esa forma de entender la obra y el artista (el modo univoco en el que Oscar a aludido al arte por que evidentemente Filo lo matrizo bien) que se fue constituyendo a partir del humanismo y mas tarde en la ilustración. El romanticismo representa rupturas y continuidades respecto a este modelo. Y esta todo bien.
Lo que yo planteaba es que el punk reintroduce elementos (ALGUNOS) de ese modo otro de plantear lo estético. La chicana vulgar es venir a plantear que eran nenes de mama.(Algo así como la alusión al precio de la entrada del campo de AC/DC ¿?) Probablemnete lo eran ¿Y? Que nueva forma estética surge de las masas espontáneamente, si no es a partir de la intencionalidad pequeñoburgueza de distinguirse?
LO POPULAR, para seguir explayándome sobre un tema que atraviesa tangencialmente esta discusión y sobre el que se habla desde lugares cosificados con tono sobrador, no precisamente es conservador, sino tradicionalista y no tiene autores, sino practicas colectivas y operaciones de apropiación/resignificación sobre los discursos que genera (quienes tienen el poder de hacerlo) tanto la cultura letrada como la captura que (dialécticamente hace) de las practicas populares, la industria cultural.
Se que a esto pueda que le siga otra arenga berreta y provocadora, y bue...

Oscar Cuervo dijo...

Lo que yo quería marcar es cierta discrepancia entre una "actitud" contestataria, anárquica o contracultural con resultados musicales conservadores o retardatarios, o sectarios o reacios a otras exploraciones musicales, una cierta simplificación del dilema entre lo viejo y lo nuevo. El punk era lo nuevo en 1976 pero cuando lo nuevo no se respalda con algo más que novedad, muy pronto deja de ser nuevo. Porque lo nuevo, al igual que lo joven, son distinciones meramente cronolólicas y no garantizan ninguna cualidad ideológica, política o estética. El capitalismo se ha sabido nutrir de ese frenesí de lo nuevo, lo joven y de lo insolente y hoy el PRO es joven, Berlusconi es insolente y el último modelo de celular es nuevo. Acá hemos tenido intervenciones en las que se suponía que un músico de 60 años sólo puede producir nostalgia.
Y también pretende ser insolente una cierta forma de argumentar que desdeña como "poesía letrada" a una artesanía de la canción tan solo porque no es rutinaria. Es un prejuicio ideológico nefasto, de un populismo reaccionario, llamar poesía letrada (Gabriel también habla de la matriz "Filo" con tono desdeñoso: mi posición tiene una matriz Pescado mucho más que una matriz Filo, porque Filo me dio muy poco al respecto y el disco Artaud me dio mucho). Spinetta compuso Barro tal vez a los 16 años y no era miembro de la Sociedad Argentina de Escritores ni un licenciado en letras: su poética se nutre de la canción popular, del nuevo folklore de los años 60, de Tanguito, del tango de Cadícamo y Contursi y, claro, de Artaud y la imaginería contracultural de la década del 50 y 60, atravesada de poesía. Llamar a eso "poesía letrada" y ecluirla de lo popular es un cepo directamente fascista: es precisamente ese cepo el que cristaliza lo popular en un rito totémico, siempre idéntico a sí mismo, colectivo y tosco. Es una visión ahistórica y no contradictoria de lo popular, una noción "pura" que identifica popular con primitivo y la condena para siempre a medirse con la vara de los tambores tam tam de la tribu pom pom. El punk tiene algo que ver con esta mistificación y es tan cercano a la ceremonia tribal como los mitines nazis son cercanos al rito pagano, es decir: es una restauración moderna,de cuño post-romántico, diseñada con total autoconciencia, que persigue un dieal de primitivismo totalmente calculado. Yo señalo los efectos paradójicos de un gesto instituyente que termina siendo prontamente instituido, porque precisamente simplifica y pasteuriza una idea de la contestación poco problemática, inmediatamente identificable por indicios unívocos.

Gabriel Medina dijo...

Oscar, firmo al pied e tu primer parrafo.
El segundo me parece desastroso. Insistentemente volves sobre la distinción popular/académico en términos cosificados. Primero por que lejos de ser lógicas excluyentes, la propia dinámica de la industria cultural hace que popular, académico (yo preferiría LEGITIMO, ahora si desde una perspectiva bourdeana), letrado y masivo dialoguen constantemente. (Aunque esto también pasaba antes del capitalismo entre la cultura oficial y la popular) Como bien te señalo en el caso de Spinetta.
Segundo, no pertenecer a la sociedad de escritores ni ser licenciado en letras hace inmediatamente que tu poesía sea popular (si es que algo así existe). Eso si que es un reduccionismo vago, institucionalista y simplificador. Ya aclare que por letrado entiendo (en realidad lo tomo de Barbero y Decertau) a esa tradición literaria propia de sectores que saben leer y ESCRIBIR. Esos que entienden a la obra como TEXTO y objeto trascendental por fuera del rito. Este modo que se realiza al calor del ascenso burgués no tiene necesariamente nada de desdeñoso. Pero se genera si, en el ceno de una sociedad de clases. Y por clase no tomo, como cierto marxismo vulgar las condiciones económicas de sus artífices, sino la experiencia histórica que estos sectores hacen desde cierto lugar de las relaciones sociales de producción, lo cual es un condicionante, no un determinante, para los sentidos puestos en circulación en sus obras.

Lo engañoso, me parece, es entender a lo popular, por marcas de origen, hurgando en referencias de catalogo (tales autores, tales obras). ¿Quien dice que esa constelación de artistas de la pequeña oligarquía del noroeste argentino que conformo la primera generación de folcloristas eran músicos populares? Esa generación a la que accedemos por haber vertebrado nuestra primera y modesta industria cultural. ¿Quién puede negar que su cancionero no incendio noches y noches de peñas, baile, y alegrías populares a través de las décadas?¿Es la captura de lo popular que un poeta letrado como Jose Hernández hace para discutir con el proyecto político planteado en el Facundo, una obra popular? Tal vez lo fue cuando a fines del siglo XIX se vendía en pulperías para que lo compraran parroquianos analfabetos que se lo hacían recitar. ¿Es esa la misma obra que ensalza en los 20s Lugones como panacea de la argentinidad corajuda, indómita y rural? Lo popular no Es, esta SIENDO. Curiosamente Stuart Hall en un trabajo sobre la decosntruccion de lo popular toma el ejemplo de los punks “¿Vamos a creer que un joven que usa una esvástica es un fascista?” Hall esta interpretando el uso popular de la iconografía de cierto momento del desarrollo capitalista que hoy (1982) puede escandalizar a la sociedad burguesa londinense. Esto no hace una revolución ni mucho menos, pero es un rasgo del carácter popular de ciertos consumos culturales en determinado momento histórico, que incluso podemos encontrar en el punk. Pensar que esto es totalmente diseñado es chistoso, parece una declaración de gorilismo adorneano, antes que una afirmación seria sobre fenómenos estéticos.
El termino “retardatorio” en clave peyorativa podría fácilmente filiarse con la idea positivista de progreso. Te recomiendo los trabajos de Thompson, sobre cultura popular y la apelación a la tradición como forma de resistencia al avasallamiento capitalista. Y como esa invocación a la tradición era mas una ficción, un modo creativo y NOVEDOSO de legitimar practicas y cosmovisiones, otras.
Dejemos de dicotomizar la cosa que tiene mas quilombos.

Oscar Cuervo dijo...

Gabriel:
la cadena de malentendidos ya es interminable y se me hace que podríamos seguir 15 años más repitiendo lo mismo. Voy a tratar de pasar en limpio tres o cuatro proposiciones lo más sencillamente posible para que al menos queden claras nuestras diferencias, porque tampoco el fin es que nos pongamos de acuerdo:
1) A mí personalmente no me interesa defender ninguna causa acerca de un arte popular, letrado, académico, revolucionario, etc. Básicamente esta serie de posts sobre Spinetta está escrita desde la posición de alguien que disfruta de la música (popular, académica, letrada, iletrada, experimental, comercial) con gustos muy amplios. Me interesa la experiencia musical como fin en sí mismo: me gusta escuchar música y no creo que esta experiencia tenga que además servir para otra cosa. Cuando escucho música no me hago problema si el compositor está formado en el conservatorio, si es oligarca, si es de familia proletaria o lumpen. Eso no quiere decir que me guste cualquier música, sino que espero que la música sea para mí una expansión y aguzamiento de la escucha. La música es una escucha que piensa. Por ello, levanto la obra de Spinetta como una obra musical de una calidad excepcional. Esta afirmación sólo me interesa discutirla en términos estrictamente musicales, no me importa si Spinetta es buen padre, si nació en Belgrano o si vota al Pro o a Pino Solanas. No critico a las personas que hacen sociología del arte, o a los que subsumen la experiencia musical a parámetros sociopolíticos: no es lo mío.
2) Hay sí una política y una ética de la música: es la que se pone en juego en la música y por la música: por la relación de la obra con la escucha. En lo específicamente musical hay una política, pero no es podible reducirla a sociología, a contextos históricos. Lo mismo vale para el cine: no me importa si un cineasta es marxista o monárquico, no me importa si filma con capitales del estado o del narcotráfico: me interesa como se vincula su película con la mirada, su mirada con la del espectador. Me interesan los efectos, por ejemplo, de los códigos narrativos en su articulación cinematográfica y las dimensiones no narrativas del cine. Me interesan las tensiones entre la mirada y la palabra y lo que en la mirada no es reductible a palabra. me interesa cómo el cine filma el tiempo, o mejor dicho los tiempos, tiempos históricos, tiempos subjetivos, tiempos íntimos, coexistencia de diversos tiempos en un mismo espacio, tiempo de la exposición cinematográfica y tiempo de lo expuesto, duración y tiempo elidido. Me interesa también la tensión específicamente cinematográfica entre dos elementos totalmente heterogéneos que coexisten en el cine: registro de lo real y alucinación. En la manera en que cada película resuelve la relación entre todos estos factores hay una política y ella se actualiza en la mirada del espectador. Y esa mirada no es científica y objetiva, no es tampoco reductible a sociología. LA SOCIOLOGÍA O LA ANTROLPOLOGÍA CULTURAL NO ME INTERESAN POR SÍ MISMAS, TAMPOCO ME INTERESA SI LA PELÍCULA AYUDA AL AVANCE DE LA LUCHA DEL PROLETARIADO. Me interesa la micropolítica que se pone en juego en el encuentro de la película y la mirada, o entre la música y la escucha.

Oscar Cuervo dijo...

6) Cuestiono totalmente la idea de que el punk fuera una revuelta esppntánea que rompió con el virtuosismo y el anquilosamiento
en que había caído el rock. Lo que se llama punk fue una operación deliberada, calculada, diseñada y envuelta para regalo, de una enorme eficacia marketinera. Sus materiales se construyeron de experiencias que el rock anterior a la pseudo ruptura punk ya había explorado: ni los New York Dolls, ni los Ramones, ni Patti Smith ni la Velvet eran punks, sino que practicaban formas de rock que se nutría de diversas experiencias (no todo lo anterior al punk es rock sinfónico). Esas experiencias coexistían y se nutrían. Tras el triunfo de la operación marketinera que instaló el punk, se impostó una ruptura. El triunfo de esta operación preparó la instalación del punk rock y del pop rock como un mainstream que volvió a la práctica del pop de entretenimiento de los años 50, al 4/4 y a los tres tonos como un valor en sí mismo.

Oscar Cuervo dijo...

3) Me pierdo en tus referencias bibliográficas, no leí a todos esos autores y no los pienso leer este verano. Uso la noción de "música popular" en su acepción más amplia e inclusiva. Digamos: no se refiere al origen proletario, pequeño burgués o burgués del compositor: uso música popular en le sentido más cotidiano que incluye desde la cumbia y los diversos folklores hasta el tango (de Gardel a Piazzola), el jazz (desde Armstrong hasta Miles davis), el rock (desde Fats Domino a King Crimson, de los Beatles a los Pistols, de la Velvet a Elliott Smith), el soul, el reggae, el bolero y el flamenco (para nombrar solo algunas de las diversas vertientes de la música popular). Es una distinción si querés vaga pero de todos modos operativa: cuando digo música popular no me refiero a Bach, ni a Wagner ni a Bartok: algunos de ellos podrán ser consumidos por públicos populares, algunos de ellos se podrán nutrir de formas y materiales provenientes de las músicas populares, pero prefiero distinguir esta vertiente con las también usuales denominaciónes de música clásica, culta o académica: con toda su vaguedad y sus zonas grises, creo que cualquiera puede entender este uso (que es el más habitual). No tomo partido por la popular contra la clásica ni al revés tampoco: yo disfruto tanto las variaciones Goldberg como Neil Young, Ornella Vanoni, Miles Davis, La Walkiria o Alejandro Sanz.
4) Creo que la música va acompañada siempre de discursos, comentarios, hábitos, formas de legitimación, crítica, estrategias de mercado, etc. Muchas veces esto incide sobre la escucha y la composición. En el caso específico del rock, creo que efectivamente hay un punto de inflexión producido en los años 70. Creo que después del punk y la new wave se escribió un relato académico y se armó un canon que goza de un consenso bastante extendido: algunas exploraciones musicales previas al punk quedaron fuera de ese canon. La versión más vulgar (y la más repetida) dice que el punk es un movimiento rupturista que rescató los valores de rebeldía, ritualidad, autenticidad y que nos liberó del virtuosismo, de la pretensión y del aburrimiento de la música que quedó de pronto caduca por la renovación punk. Dije en mi post que una canción como Encadenado al ánima de Invisible quedó fuera del canon que se iba a imponer apenas unos años después de compuesta. Este relato surgido de las elaboraciones periodísticas y académicas del post punk decía que los temas de 15 minutos y que tienen muchos cambios rítmicos y armónicos, que tienen una lírica no directa, que exige una escucha atenta, que esos temas cultivaban un virtuosismo y una pretensión de los cuales el punk nos liberó. Cuestiono este relato.
5) Señalo una discrepancia entre una actitud y un credo que alardean de consignas anárquicas y liberadoras temine generando músicas conservadoras: músicas que tienden a la reproducción de clisés y al achatamiento de la escucha musical, músicas que consagran lo fácil y lo simple como un valor absoluto y que desdeñan lo complejo y lo problemático como una actitud pretensiosa y letrada. No estoy en contra de que alguna música suene fácil y simple, estoy en contra de que en nombre de esos valores las posibilidades de le escucha musical se mutilen.

Gabriel Medina dijo...

Oscar:
Nuevamente, creo que este párrafo final tuyo concluye en una posición que comparto (aunque por lo menos yo, por letrado no hice mas que un señalamiento objetivo antes que un juicio de valor que pudiera desmerecer alguna obra solo por sus condiciones de precedencia).
Si la distinción entre letrado e iletrado que introduje tenia algún valor, era el de argumentar sobre el carácter democratizador de lo popular y lo masivo (que no dejo de admitir que el punk reintrodujo con alguna vitalidad). Algo en lo que lo letrado no puede incurrir ya que presupone para su entero disfrute, saberes previos que permitan por ejemplo, los señalamientos que vos le haces a un tema de 15 minutos.
Ahora bien, de esto los artistas no tienen la culpa, sencillamente es un fenómeno que solo se comprende mediante el dato de que vivimos en una sociedad de clases...
En cuanto al recorte inicial que haces de que y por que te interesan ciertas estéticas, también me parece atendible. Yo (y otros aquí) he intentado otros recorridos que son igualmente legítimos.
Para seguir aclarando, mis referencias bibliograficas no venían a cuento de traer citas de autoridad, sino de compartir la posibilidad de indagar otras fuentes que complejizan un poco mas cierta dicotomizacion fácil que se hizo aquí y de la que en tu afán ninguneador participaste también.

Lo mas importante, sinembargo, mas allá del naufragio punk, es que esos virulentos tres añitos dejaron una marca que hoy día representan una influencia para otras nuevas exploraciones, si queres tan complejas como el progresivo, que para ser sinceros ya había abandonado su énfasis exploratorio para constituirse en un genero con todo y horizontes de predivisibilida y expectativas...
Ya mencione a los Mars Volta, Creo que en los 90s Ok Computer es un disco re progresivo que no se podría pensar sin (entre otras cosas) el punk. Stille de los suizos Lacrimosa, me parece junto a Lateralus de Tool el gran disco progresivo de los 90s... Vendito sea el punk!