martes, 25 de noviembre de 2008

Alejandro Kaufman sobre el conflicto en oriente medio

Por Alejandro Kaufman, julio de 2006 *

Contemplar a diario a través de los medios de comunicación cómo mueren y son aterrorizados los libaneses que viven en los territorios desde los cuales parten las amenazas contra la población israelí nos encoge el corazón y destempla el ánimo. La guerra no es sólo el despliegue de la violencia, sino también la trampa en que caen los pueblos cuando no encuentran palabras para la diferencia.

El momento en que corre la sangre por las ciudades del Medio Oriente no resulta el adecuado para perder la prudencia, ni para alentar estériles debates entre quienes estamos lejos del teatro de los acontecimientos.

Si lo que nos importa es la paz, la concordia y la resolución justa y consensual de los diferendos, resulta necesario que nos esforcemos en encontrar las palabras adecuadas para expresar nuestro anhelo de justicia e igualdad para todos los afectados por el desgraciado y prolongado conflicto del Medio Oriente.

Todos los pobladores del Medio Oriente tienen derecho a vivir en espacios civiles seguros y reconocidos.

Rechazamos la violencia ejercida por cada uno de los involucrados hacia sus oponentes.

Repudiamos la injusticia social, la desigual distribución de la riqueza que impera en forma estructural en el Medio Oriente.

Sabemos que además de la necesidad de cumplir con los acuerdos internacionales y asegurar la viabilidad de dos Estados, el israelí y el palestino, no hay en el presente mayores certidumbres ni caminos establecidos o garantizados.

Son demasiados los actores intervinientes en el conflicto que depositan su confianza en la guerra y la destrucción, en la pérdida de vidas civiles. Todos los ataques armados deben cesar.

Debe cesar también la amenaza a la existencia del Estado de Israel, ya sea armada o propagandística. Debemos instar a los autores de esas amenazas y a las fuerzas político militares que no reconocen al Estado de Israel a modificar su actitud. La denegación del reconocimiento del Estado de Israel implica una concesión inaceptable al negacionismo de la Shoá, que por otra parte se profiere sistemáticamente en la actualidad, como parte del conflicto del Medio Oriente.

Debe llamarse al Estado de Israel a la recuperación del legado moral del pueblo judío, actualmente en peligro de continuidad.

Aun cuando la razón de la fuerza pueda justificar ante los ojos del gobierno de Israel y de parte del pueblo israelí el ejercicio brutal de la violencia sobre la población libanesa y palestina, nosotros, como judíos, no podemos aprobar que la conservación de la identidad judía del Estado de Israel tenga ese precio. No estamos en condiciones de saber si un comportamiento más político y pacífico del Estado de Israel sería eficaz para defender la supervivencia de la identidad judía como tal en el Estado de Israel.

Es por ello que no podemos decidir ni intervenir en las políticas del Estado de Israel. Pero nuestro silencio o inacción no pueden interpretarse como apoyo ni indiferencia a la violencia ejercida contra miles de inocentes.

Hay numerosas voluntades que albergan el deseo del exterminio de los judíos. Auschwitz tiene vigencia y ejerce su influencia activa en el conflicto del Medio Oriente.

En necesario luchar porque la supervivencia del Estado de Israel sea compatible con condiciones de respeto a la alteridad que se han perdido hace mucho tiempo.

Expresamos nuestro anhelo y reclamo en ese sentido, sin por ello dejar de señalar que las fuerzas del antisemitismo y el odio exterminador a los judíos están vigentes y deben ser combatidos por las conciencias libres y democráticas del mundo.

* Nota del editor: Este texto llegó ayer como comentario de Alejandro Kaufman a mi post sobre Avi Mograbi. En los comentarios de ese post se aludía a la posición que tuvo Kaufman durante los bombardeos de Israel al Líbano en 2006. Y Kaufman creyó necesario citar un texto que él hizo público en esa oportunidad. Como el post ya quedó muy atrás y difícilmente muchos llegaran a leer el comentario de Kaufman, le ofrecí publicarlo como post.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Recién leí la nota sobre Mograbi asique no tenía idea de este debate.

Hay que reconocer que lo que dice Kaufman no es una voz dominante, quiero decir, no se escucha mucho este discurso en cuanto al problema Israel-Palestina. Siempre escucho justificaciones de una y otra parte y nadie parece ver lo que queda en el medio, los verdaderos afectados de esta disputa territorial (o de otro orden) pero siempre de poder. Creo que todo judío debe hacer una auténtica autocrítica de esa situación y no justificarla como normalmente ocurre, porque eso es patear la pelota para adelante. Mirar para otro lado y dejar que la sangre siga corriendo.

Kaufman fue mi profesor alguna vez, lo se una persona inteligente, aunque algunas cosas pueda no compartir. Creo que lo importante que dice es lo de "recuperar el legado moral actualmente en peligro". En 2006 y también ahora.

Hay ciertas condiciones en las que el Estado de Israel no debe continuar, que es acentuando y entrando el la lucha de fuerzas de la violencia.

Saludos.

Anónimo dijo...

Auschwitz tiene vigencia en cuanto Israel se funda, y tiene la luz verde para todos sus crímenes, para mitigar el peso de Auschwitz en la conciencia de Occidente.
Rompe los ojos, y las almas, que las fuerzas del antisemitismo (versión antipalestina) y del odio exterminador hacia los palestinos, y hacia los árabes, están vigentes y son fundantes de la ideología sionista, tanto como que nadie con real peso en Occidente alza la voz, avalando con su silencio estos ominosos crímenes.
Alguna vez decías que después del Proceso había que cambiar la bandera, el himno, el nombre del país. ¿Qué queda para Israel? ¿No habría que erradicarlo en cuanto Estado sionista supremacista como se hizo con la Sudáfrica del apartheid? ¿No habría que preguntarse por un Estado construido sobre el fundamentalismo religioso, el terrorismo y la limpieza étnica? (En ese caso, también habría que preguntarse por otros Estados construidos sobre la limpieza étnica, por ejemplo Australia). ¿No debería juzgarse por crímenes de guerra al trío de masacradores en jefe y a los comandantes en el terreno?
Muchos de los países árabes que no reconocen al Estado de Israel apoyaron la iniciativa saudita de comienzos de siglo que brindaba ese reconocimiento como contrapartida de la vuelta a las fronteras del 67, la creación del Estado palestino, etc. Israel lo rechazó. Así que tal vez sea Israel quien deba modificar su actitud, pero eso implicaría renunciar a sentirse amenazado, a agitar esa sensación para mantener operativa su gigantesca maquinaria militar y a una configuración mental que es fundacional de la sociedad israelí.
La conservación de la identidad judía del Estado de Israel solo puede darse por la fuerza y por la injusticia. Sin ella, sin limpieza étnica, sin negar el derecho del retorno a los refugiados, los palestinos serían mayoría en el territorio de la Palestina británica (para no decir “histórica”), con un Estado único, con dos Estados, con un Estado y territorios ocupados…
A esa injusticia intolerable parece estar dispuesto a acceder el genuflexo Abu Mazen. Vos, Kaufman, por ser judío, tenés el derecho a ser ciudadano israelí y a vivir en esa tierra; un palestino, por no ser judío, por ser palestino, no tiene derecho a vivir donde vivía hace 60 años, o donde vivieron sus padres o sus abuelos.
No puedo no ver una contradicción entre “no podemos aprobar que la conservación de la identidad judía del Estado de Israel tenga ese precio [el del ejercicio brutal de la violencia]” y “no estamos en condiciones de saber si un comportamiento más político y pacífico del Estado de Israel sería eficaz para defender la supervivencia de la identidad judía como tal en el Estado de Israel”. Este comportamiento, que es una remake del de 2006, según dicen para terminar con una amenaza al Estado o a sus ciudadanos del Sur, compromete a futuro la supervivencia de Israel en cuanto aviva el odio antiisraelí, en la zona y en el resto del mundo, y no hace más que realimentar profundamente la violencia.

clinamen dijo...

El texto mío que antecede fue redactado en 2006, como borrador de lo que podría haberse dicho en una comunicación pública en aquel momento.
Lo mandé hace poco al blog La Otra en relación a que alguien había rememorado erróneamente lo dicho en aquellos días, hace dos años. Pero fue antes de lo que está pasando ahora en Gaza. Así que no representa lo que pienso hoy sobre la situación actual, mucho más grave aun que la del 2006, que ya había sido horrorosa.
Ahora firmé una solicitada que fue publicada el domingo pasado, contra la guerra y por el cese del fuego.
De todos modos, las cosas se han agravado sobremanera esta vez, aun respecto de lo terrible que fue la matanza del Líbano hace dos años.
No hay manera de justificar ni de atenuar lo que está sucediendo. Se están sembrando rencores, odios y desgracias con crueldad, con maldad, de un modo que empobrece las posibilidades de un entendimiento entre las partes.
No hay UN solo culpable o responsable en todo esto. El problema es MUY complejo, y la contradicción principal en estos días en que se perpetra la masacre es el profundo malestar y repugnancia que sentimos por un lado, y la dificultad de abordar un problema extremadamente complejo por el otro. Lo más fácil es simplemente hallar alguien a quien culpar, cualquiera que sea. Ni siquiera es el momento adecuado para discutirlo en profundidad. Desde luego que el gobierno israelí y sus fuerzas armadas son los perpetradores inequívocos de esta matanza.
Lo importante ahora es contribuir en lo que sea posible a que cese la masacre y se reparen los daños infligidos a la población de Gaza.
Desearía que no se incentive la promoción del odio hacia nadie, y que se piense y converse más bien sobre cómo comprender en su extrema complejidad esta tragedia en el marco de un trabajo en favor de la convivencia pacífica entre todos los pueblos, sin justificación ni omisión hacia ninguna forma de violencia (sin culpar de todo tampoco al "terrorismo").
En tanto que las desgracias se encadenan y las víctimas de ayer se convierten en victimarios, la solución no provendrá de ninguna venganza, de ninguna nueva suscitación del odio y la culpabilización. Un chivo emisario no se reemplaza con otro. Lo que tenemos que combatir es la propia condición por la que la conflictividad de la existencia humana se proyecta hacia el sacrificio de una víctima propiciatoria, cualquiera que sea.
En la actualidad hay dos discursos que reproducen esa espiral: la justificación israelí de la matanza de los palestinos, que culpa de todos los males al "terrorismo", y la propalación del odio antisemita que culpa de todos los males a los "judíos".
Hay dos tragedias que se entrelazan, la shoa y la naqba. Hay que evitar las equivalencias o las retribuciones entre ellas. Ninguna de ellas debe ser desconsiderada, ni mucho menos profanada, ni tampoco banalizada.
En el fondo, el problema es aun más grave. Este mundo en que vivimos no es el mundo en que esto que estamos discutiendo se podrá resolver. Tenemos que pensar en otro mundo, en cómo cambiar este mundo, en no prestar consentimiento a la forma que adopta este mundo en que vivimos. Discutamos cómo vivir de otra manera en un mundo humano, y no a quién hay que matar porque tiene la culpa de cómo es este mundo in-humano.