viernes, 8 de agosto de 2008

La doble fachada del saber





Por Corina Setton

Un saber académico, uno existencial. La cara experta, la cara social , la cara íntima. ¿Cuántas caras tenemos? ¿Será la doble fachada una exclusividad de los abusadores sexuales o la tendremos todos?

¿Será doble, triple o múltiple como dice Deleuze?

Estoy pensando en el caso Corsi y todas las paradojas y contradicciones que despierta.

Especialista en violencia y abuso escribe:

"Los estudios concernientes a los perpetradores de abuso y maltrato describen al abusador típico como alguien que no tiene nada que ver con los estereotipos habituales que circulan por el imaginario colectivo. Esto se debe al fenómeno de doble fachada: existe un desdoblamiento entre la imagen social y la imagen privada.”

En el ámbito de la Universidad somos todos uniformemente intachables, básicamente porque dejamos nuestra intimidad por fuera de las aulas. Y ni hablar de los psicólogos en el consultorio.
Pero ¿qué pasa si se da a conocer en su integridad el conjunto de nuestras vidas como pasó con Corsi?

Lejos de mi intención está sembrar la sospecha hacia los otros, como suelen hacer los medios de comunicación. Más bien lo contrario, llevar la mirada hacia nosotros mismos. Porque ¿quién habla hoy en clase en primera persona, quién se anima a contar, como hizo Freud, sus sueños y sus deseos?



¿Y si Corsi fuera uno de los pocos que lo hizo? ¿Y si lo hubiera hecho como pudo? ¿Será que se estaba confesando -ya que sus propias descripciones podrían servir para incriminarlo? ¿Será que no encontró entre sus colegas alguien con quien analizar lo que le pasaba? No, decididamente, el tema no es Corsi, para él ya están los jueces que se encargarán de juzgarlo. Nuestro tema somos nosotros, los psicoanalistas, los docentes, los jueces, los que nos creemos libres de pecados y tiramos la primera piedra.

Hablo de lo que más conozco: los psicoanalistas. Y no entiendo esa cosmovisión moral que muchos de ellos encarnan en sus declaraciones acerca de este caso y de tantos otros. Cuando hablan de perversión en la facultad repiten día a día que es otra versión de la sexualidad; pero cuando hablan con los medios y la usan para referirse a alguien, no la aplican etimológicamente, sino como sinónimo de hijo de P… . Se habla de la construcción de la subjetividad, de emergentes sociales, de analizadores; pero cuando la tele y la prensa los convoca se olvidan de todo, demonizan y escencializan el mal como cualquier hijo de vecino.

¿Será que poner a Corsi como la manzana podrida resulta más facil que pensar el caso en serio? ¿O seremos especialistas para pensar casos que no toquen a la comunidad psi? ¿Y cómo llamaremos a toda esa serie de hechos que se sucedieron en torno a Corsi? Sacar sus libros de las librerías, llamarse al silencio en torno al caso, quitar su currículum de la página Web, retirar rápidamente su nombre de las instituciones y actividades en las cuales participaba? ¿Cómo lamaremos a todo esto? ¿Represión, denegación, forclusión, defensa?

Una catarata de preguntas me deja el caso:

¿Será que sus libros toman más valor ahora que antes?

¿Qué dice de nosotros que lo hayamos llamado a él para formarnos y asesorarnos en los tres últimos gobiernos?

¿Por qué le otorgamos tanto reconocimiento?

¿Dirán que sabía mucho, que hablaba con conocimiento de causa, no como hacen otros que, apenas dicen dos palabras, notás el grado de alienación que tienen respecto de su discurso?

El psicoanálisis ancla sus raíces, sus pensamientos y teorizaciones en la posibilidad de escuchar a los que hablan de sí mismos y se piensan. ¿Podremos pensarnos a nosotros mismos?

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente post. A la comunidad "psi"...nos cuesta hacernos cargo de nuestros propios demonios, lo cual obtura la posibilidad de pensarnos.

Hernán dijo...

Bueno, por fin leo algo interesante sobre este tema.
Profunda paradoja la de la sociedad argentina, que alberga al psicoanálisis como en ningún otro lugar de la región y sin embargo prefiere la represión o la denegación de sus discursos al riesgo de anclar sus propias raíces para pensarse a sí misma. Opinamos, etiquetamos y encajamos cualquier fenómeno de la realidad en una más que endeble lógica de causas y efectos. Somos deterministas; nos seducen más las respuestas que las preguntas.
Muy buen artículo.

Saludos,

Hernán.

Anónimo dijo...

Me quedo con lo que dijiste sobre lo que se ventila en los medios, y lo que queda en el instituto del saber.
En la Argentina (al menos lo que conosco) hay un fuerte división entre el saber universitario y lo que sale afuera de la universidad. Parece que los que salen a hablar mediáticamente, tienen en claro que ahí no pueden discutir esos temas y quedan relegados a las aulas. Yo creo que lo discuten, e incluso resuelven el problema en ese contexto. Pero igual no se hace una verdadera autocrítica de esa institución social del saber.
Es decir, lo que pasa es claro, no se quiere desprestigiar un saber de décadas de investigación por un tipo que rompió con ese saber institucional, que encarnó la depravación teórica.
Me parece que existen pocos teóricos que pongan en dudas el saber en tanto que tal, uno podría ser Foucault, y yo creo que siempre es algo saludable.

Me gustaría saber que piensan los propios psicoanalistas, hasta donde llevan las discusiones, hasta donde ponen en duda ese saber-poder que encarnan, como plantean esta cuestión paradójica y hasta que punto se replantean las cosas, si es que lo hacen.
Saludos.

Oscar Cuervo dijo...

Yo no soy psicoanalista, pero igual me meto. Yo estoy en la UBA en el campo de la Filosofìa y Epistemología. Y creo que en el saber académico no hay casi discusión. Quizá exista la ilusión de que los universitarios discuten, pero mi experiencia me indica que sólo aparece la discusión en situaciones excepcionales o por iniciativas individuales. El saber académico no está orientado a la discusión ni a la reflexión, sino a la reproducción: papers, congresos, tesis, tesinas, parciales, son todas mercancías, objetos que se producen de acuerdo con un formato preestablecido, citando bibliografía de acuerdo con las modas. En el siglo 19 Nietzsche presentó EL NACIMIENTO DE LA TRAGEDIA dentro del ámbito filológico alemán. El rechazo que sufrió fue completo, el aula en el que daba sus clases quedó casi vacía. Tanto lo ningunearon que se tuvo que terminar yendo de la Universidad de Basilea. Y eso que estoy hablando de Alemania del siglo 19, la elite del saber. Creo que en la Universidad no se discute.
Un síntoma de esto es que hoy los "pensadores" políticos hablan de la política como Gestión, Administración, del Bien Público y de los Valores Republicanos... Lo más avanzado parece ser Adam Smith, cuando no simplemente Santo Tomás de Aquino.
Para ellos no sólo no han existido Deleuze o Foucault, ni siquiera Nietzsche, Hegel o Marx. Los opinólogos de la Filosofía y de la política terminan sin diferenciarse de un Nelson Castro.
Bueno, eso sólo para referirme al campo de la Filosofía. Si se discute en la facultad de Psicología, no lo sé.

Anónimo dijo...

Fede:te cuento que yo, que escrib� este post,soy psicoanalista. Obviamente no existe como unidad esa categor�a que vos llam�s "los psicoanalistas", y es por eso que cada uno pone en duda, se replantea y se pregunta hasta donde le d� el cuero, como hacemos todos en este mundo.
Corina