miércoles, 6 de febrero de 2008

JUANI


En un clima cargado de sospechas, de ruinas monumentales, de retornos, refritos, remixes, requechos y resacas, la música argentina tiene, al menos, una buena noticia. Viene de Haedo, se hace llamar Juanito el Cantor y, sí, canta.
Amarillo

La cosa es así: tiene una guitarra, tiene canciones, tiene una voz que se desliza ligera como la brisa de una noche de octubre. A veces berrea como niño enojado, a veces acaricia las palabras. Su acto parece diseñado como para sacarnos las dudas que nos produce el resto: entre inspiraciones amarretas que se cortan y se estiran hasta el daño tóxico, entre volveres a vivires que nos hacen creer que lo bueno ya había pasado, Juan (que como artista ya es un chico grande) hace canción tras canción. En el escenario está sentado, amarrado a su guitarra, ajeno a la épica de los héroes del rocanrol, ajeno al acting bohemio y al casual-fashion de las publinotas de la rolinstón. Amarrado a la guitarra, concentrado en obtener matices sutiles (sólo procura que el sonido sea limpio para no tener que endurecer sus recursos). Sonido limpio para que se escuche la música, para que la voz se haga finita como un pincel fino o áspera como lija.
Gorrión

No tiene necesidad de declararse actual mediante gadgets, mediante guiños a la novedad, mediante el rescate de futuros ya pasados: Juanito está ahí. La música suya está ahí, ahora, en el aire, tan natural como si existiera desde hace 20 años o 200 años. Su medio es el aire, las estrofas se prolongan o se cortan porque respira. Hace ruidos con la boca: percusión, efectos espaciales. Los dedos tejen hilos de aire, trémolos delgados entre los que se cuelan las palabras: “Todo es demasiado para mí, perderse en la razón de las cosas que se van, y yo acá, esperando un mensaje” (...) “Sólo hay una pared atrás que me hace frío en la espalda y no puedo respirar.” (...) “La verdad, no puedo dormirme sin antes describirme cuando estoy tan solo”. El cantor.

Flor
(este texto forma parte del dossier "¿El rock ya fue?", publicado en el último número de La otra)

OSCAR ALBERTO CUERVO

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